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Tu dolor es real
Herido por la iglesia
Si la iglesia te hirió, tu dolor es real, y le importa a Dios más que la reputación de cualquier institución. Puedes estar enojado. Puedes mantener distancia. Y puedes seguir amando a Jesús aunque no puedas volver a cruzar esas puertas.
En resumen
Si la iglesia o las personas en ella te hirieron, tu dolor es real e importa. Jesús reservó sus palabras más duras no para los quebrantados ni para los que dudan, sino para los líderes religiosos que cargaban a la gente con pesos. Él no estaba de su lado. No te pide que finjas que no pasó ni que perdones por obligación. Primero, que seas cuidado.
Vale la pena recordar esto: Jesús reservó sus palabras más duras no para los quebrantados ni para los que dudaban, sino para los líderes religiosos que cargaban a la gente con pesos difíciles y escondían su propia dureza detrás de la santidad.
“Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.”
Mateo 23:4 · Reina-Valera (dominio público)
Él no estaba de su lado. Y no te pide que finjas que no ocurrió, que perdones por mandato ni que te pongas de nuevo en peligro. Primero, que seas cuidado. La verdad y cualquier pregunta sobre volver pueden esperar.
Lo que es verdad
Jesús y las personas que te hirieron no son lo mismo. A los cansados y heridos, él no los aparta: los llama a descansar.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.”
Mateo 11:28 · Reina-Valera (dominio público)
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salvará a los contritos de espíritu.”
Salmo 34:18 · Reina-Valera (dominio público)
Un paso pequeño
Tu único paso pequeño: no tienes que ir a ningún lugar ni perdonar a nadie hoy. Solo nota que Jesús y quienes te hirieron no son lo mismo, y deja que eso baste por ahora.
No hay prisa
No tienes que decidir nada hoy. Puedes leer un poco, cerrar la página y volver mañana, o nunca. Nadie aquí lleva la cuenta. Cuando estés listo, y solo entonces, el lugar más sereno para reencontrarte con Jesús es en sus propias palabras.