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Hay un camino a casa

Extraño a Dios

Si extrañas a Dios, anímate: esa añoranza ya es una especie de oración, y el camino de regreso no comienza con la vergüenza. Comienza aquí, con el anhelo que ya sientes.

En resumen

Extrañar a Dios no es estar lejos de él; muchas veces es la señal de que él ya te está atrayendo de vuelta. No tienes que arrastrarte de regreso ni arreglar tu vida primero. Jesús contó la historia de un padre que, viendo de lejos a su hijo, corrió a abrazarlo. Así es el corazón de Dios contigo.

Jesús contó la historia de un hijo que tomó todo, lo malgastó y volvió a casa esperando ser tratado como un sirviente. Pero mientras aún estaba lejos, su padre lo vio, corrió hacia él y lo abrazó.

“Y levantándose, vino a su padre. Y como aún estuviese lejos, le vio su padre, y fue movido a misericordia, y corriendo, se echó sobre su cuello, y le besó.”

Lucas 15:20 · Reina-Valera (dominio público)

Esa es la imagen que Jesús pinta del corazón de Dios hacia quien vuelve. No un juez frío de brazos cruzados, sino un padre que ya corre. La distancia que sientes no es Dios alejándose, es el espacio que él mismo cruza corriendo para alcanzarte.

Lo que es verdad

No tienes que suplicar para volver a casa. No hace falta un discurso perfecto ni un historial limpio. Basta con volverte a él de corazón, porque él es tardo para la ira y grande en misericordia.

“Y rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia.”

Joel 2:13 · Reina-Valera (dominio público)

Un paso pequeño

Tu único paso pequeño: di lo verdadero, en voz alta o en un susurro: «Te extraño». Con eso basta para comenzar. No necesitas las palabras correctas.

Si quieres orar

Dios, te extraño.

Me alejé, y ahora siento el vacío.

No vengo con excusas, solo con este anhelo.

Recíbeme de nuevo, como el padre recibió a su hijo. Amén.

No hay prisa. Puedes leer un poco, cerrar la página y volver mañana. Nadie aquí lleva la cuenta. Cuando estés listo, el lugar más sereno para reencontrarte con Jesús es en sus propias palabras.

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